SAN AGUSTÍN DE HIPONA
(354 - 430)
Nació el 13 de noviembre
del 354 en Tagaste de Numidia (actuales Suq Ahras y Túnez, respectivamente).
Hijo de padre pagano, Patricio, sin embargo fue educado como cristiano por su
madre, Mónica (Santa Mónica).
RAZÓN Y FE
Para San Agustín la
relación entre la razón y la fe se encuentra en su fórmula Cree para
conocer, conoce para creer. La fe precede a la inteligencia, más no hay
conflicto entre la una y la otra. La fe nos da la llave del universo y en
particular la del sentido humano. La fe no oprime a la inteligencia, sino que,
por el contrario, abre los ojos de la inteligencia que la infidelidad mantenía
cerrados. La fe nos asegura de alguna manera los principios primeros, los
axiomas fundamentales que nos darán el medio de elaborar una interpretación
coherente de los datos de la experiencia. A partir de los principios de la fe,
la razón deducirá por sus propias fuerzas las consecuencias e intentará
resolver los problemas que Dios ha dejado a nuestra libre discusión. El objeto
de la fe está por encima de nuestra razón. Más la fe nos prepara para
comprender mejor, para servirnos mejor de la razón
.TEORÍA DE LA ILUMINACIÓN
Teoría epistemológica
que sostiene que sólo hay conocimiento si de alguna manera el entendimiento
humano recibe ayuda del entendimiento divino; esta ayuda se concibe
metafóricamente a modo de luz. La propone por vez primera Agustín de Hipona al
afirmar que el origen de la verdad y del conocimiento es Dios. El hombre llega
al verdadero conocimiento por un punto de contacto interior con «la Verdad»,
en la razón o el alma, que es imagen de Dios, a donde llega la iluminación
divina. Tal iluminación, que se ha intentado explicar de muy diversas maneras,
ha de ponerse en relación con la teoría de la reminiscencia platónica -conocer
es recordar ideas-, en la que se sustituye el «recordar» por el reconocer una
concordancia y una relación entre la idea que está en el alma y las razones
(formas o especies) de la mente divina. Esta concordancia, que se alcanza por
la pureza de vida, supone que el hombre participa, en la posibilidad de conocer
la verdad de uno de los atributos divinos.
En su teoría de la
iluminación o irradación, San Agustín sostiene que si el alma contiene reglas e
ideas con las que guía la sensibilidad se debe a que las ha recibido de Dios.
Esas ideas y razones no las tiene la mente humana como algo propio sino que se
fundamenta en Dios. Él irradia la verdad sobre el espíritu humano; por una inmediata
iluminación aquellos principios y razones mueven el entendimiento del hombre.
Sin embargo, no se trata de una revelación sobrenatural sino de una iluminación
natural, pues todo hombre es capaz de descubrir verdades eternas, inmutables y
necesarias en los actos de su vida espiritual, es decir, en su pensar, sentir y
querer.
Las
ideas, reglas y razones eternas constituyen el auténtico ser y esencia de la
verdad, ellas explican y fundan todo ser de verdad, y si éstas provienen de
Dios, significa que Dios es la verdad.
LA CIUDAD DE DIOS.
LAS DOS CIUDADES
Dos amores fundaron dos
ciudades: el amor de sí hasta el menosprecio de Dios, la ciudad terrestre; el
amor de Dios hasta el menosprecio de uno mismo, la ciudad celeste. La una, en
suma, se glorifica en sí misma, la otra en el Señor; porque la una busca la
gloria en el entorno de los hombres, mientras que para la otra, Dios, testigo
de su conciencia, es su principal gloria. La una, en su vanagloria, alza la
cabeza; la otra dice a su Dios: «Tú eres mi gloria y tú ensalzas mi cabeza».
La una, en sus gobernantes, y en lo que atañe a las naciones que somete, está
poseída por la pasión de dominar; la otra ve a sus jefes decidir y a sus
súbditos obedecer cuidándose unos a otros con espíritu de caridad. La una, en
aquellos que la gobiernan, ama su propia fuerza; la otra dice a su Dios: «A ti,
Señor, tengo que amar, a ti que eres mi fortaleza».
Los
sabios de la primera ciudad, viviendo como los hombres, buscaron los bienes del
cuerpo, del alma, o de los dos. Y los que pudieron conocer a Dios «no lo honraron como Dios, ni se le mostraron
agradecidos, sino que se perdieron en la vanidad de sus meditaciones, y sus
corazones insensatos quedaron oscurecidos. Diciéndose sabios (es decir,
afirmándose en su sabiduría por la acción del orgullo), han caído en la locura
y han concebido la gloria del Dios incorruptible a semejanza de alguna imagen
del hombre corruptible, de las aves, de los cuadrúpedos, de las serpientes (conduciendo
o siguiendo a sus pueblos, en efecto, a la adoración de semejantes ídolos).
Han dedicado honor y devoción a la criatura más que al creador, bendito a lo
largo de los siglos». En la otra ciudad, en cambio, no reina más sabiduría
humana que la piedad que rinde honor al verdadero Dios, compañía de los hombres
santos y de los ángeles «que Dios more enteramente en todos nosotros». (San
Agustín. La ciudad de Dios, XIV, 28, en Obras completas, t. XVI-XVII, Ed.
Católica, BAC, 1960).
SANTO TOMÁS DE AQUINO
(1225-1274)
Santo Tomás de Aquino
nació en el castillo de Roccasecca, cerca de Aquino, en el año 1225. Desarrolló
una extensa actividad productiva cuya máxima expresión es la “Summa Teológica”
u La existencia de Dios
Por lo que respecta a la
existencia de Dios, Santo Tomás afirma taxativamente que no es una verdad
evidente para la naturaleza humana, (para la razón,) por lo que, quienes la
afirmen, deberán probarla, razón por la que plantea cinco vías o caminos para
demostrar la existencia de Dios.
u Las cinco vías de la demostración de la existencia de Dios
En la “Suma Teológica”,
primera parte, capítulos 2 y 3, encontramos formuladas las cinco pruebas
tomistas de la demostración de la existencia de Dios, (conocidas como las
“cinco vías”).
u Primera vía: Movimiento
“La primera y más clara
se funda en el movimiento. Es innegable, y consta por el testimonio de los
sentidos, que en el mundo hay cosas que se mueven. Pues bien, todo lo que se
mueve es movido por otro, ya que nada se mueve más que en cuanto está en
potencia respecto a aquello para lo que se mueve., por ejemplo, el fuego hace
que un leño, que está ca- liente en potencia, pase a estar caliente en acto.
Ahora bien, no es posible que una misma cosa esté, a la vez, en acto y en
potencia respecto a lo mismo, sino respecto a cosas diversas: lo que, por
ejemplo, es caliente en acto, no puede ser caliente en potencia, sino que en
potencia es, a la vez frío. Es, pues, imposible que una cosa sea por lo mismo y
de la misma manera motor y móvil, como también lo es que se mueva a sí misma.
Por consiguiente, todo lo que se mueve es movido por otro”.
u Segunda vía: Causas eficientes
“La segunda vía se basa
en causalidad eficiente. Hallamos que en este mundo de lo sensible hay un orden
determinado entre las causas eficientes; pero no hallamos que cosa alguna sea
su propia causa, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma y esto es
imposible. Ahora bien, tampoco se puede prolongar indefinidamente la serie de
las causas eficientes, porque siempre que hay causas eficientes subordinadas,
la primera es causa de la intermedia, sea una o muchas y esta causa de la
última y puesto que, suprimida una causa, se suprime su efecto, si no existiese
una que sea la primera, tampoco existiría la intermedia ni la última”.
u Tercera vía: Contingencia
“La tercera vía
considera el ser posible o contingente y el necesario, y puede formularse así.
Hallamos en la naturaleza cosas que pueden existir o no existir, pues vemos
seres que se producen y seres que se destruyen, y, por tanto, hay posibilidad
de que existan y de que no existan. Ahora bien, es imposible que los seres de
tal condición hayan existido siempre, ya que lo que tiene posibilidad de no
ser hubo un tiempo en que no fue. Si, pues, todas las cosas tienen la
posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que ninguna existía. Pero, si esto es
verdad, tampoco debiera existir ahora cosa alguna, porque lo que no existe no
empieza a existir más que en virtud de lo que ya existe, y, por tanto, si nada
existía, fue imposible que empezase a existir cosa alguna, y, en consecuencia,
ahora no habría nada, cosa evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los
seres son posibles o contingentes, sino que entre ellos forzosamente, ha de
haber alguno que sea necesario. Pero el ser necesario o tiene la razón de su
necesidad en sí mismo o no la tiene. Si su necesidad depende de otro, como no
es posible, según hemos visto al tratar de las causas eficientes, aceptar una
serie indefinida de cosas necesarias, es forzoso que exista algo que sea
necesario por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad,
sino que sea causa de la necesidad de los demás, a lo cual todos llaman Dios.”
u Cuarta vía: Diferentes grados de perfección
“La cuarta vía considera los grados de
perfección que hay en los seres. Vemos en los seres que unos son más o menos
buenos, verdaderos y nobles que otros y lo mismo sucede con las diversas
cualidades. Pero el más y el menos se atribuyen a las cosas según su diversa
proximidad a lo máximo y por esto, se dice, lo más caliente de lo que más se
aproxima al máximo calor. Por tanto, ha de existir algo que sea nobilísimo y
óptimo y por ello ente o ser supremo; pues, como dice el Filósofo, lo que es
verdad máxima es máxima entidad. Ahora bien, lo máximo en cualquier género es
causa de todo lo que en aquel género existe y así el fuego, que tiene el máximo
calor, es causa del calor de todo lo caliente, según dice Aristóteles. Existe,
por consiguiente, algo que es para todas las cosas causa de su ser, de su
bondad y de todas sus perfecciones y a esto llamamos Dios.”
u Quinta vía: Orden en el mundo
“La quinta vía se toma del gobierno del
mundo. Vemos, en efecto, que cosas que ca- recen de conocimiento, como los
cuerpos naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre,
o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les
conviene; por donde se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino
intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no tiende a un fin
si no lo dirige alguien que entienda y conozca, a la manera como el arquero
dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas
naturales a su fin y a éste llamamos Dios.”
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